Ya se puede matar actores

@Letras15M literatura Austen Baroja Galdós

Se reproduce un texto de Ken Levine traducido por el Pianista en un burdel, tribulaciones de un guionista español por su carácter tan novedoso como oportuno, pues por fortuna la desgracia también se ceba con los presentadores socráticos

Hay una tendencia en televisión que como escritor apoyo decidídamente: matar protagonistas. Entre las bajas de esta temporada están Denny de Anatomía de Grey; Shannon y las conductoras ebrias Ana Lucía y Libby de #LOST; Tony, Michelle, el presidente Palmer y sniff Edgar de 24; y, por supuesto, cada semana muere Kenny en South Park. Los actores de Los Soprano han reconocido que contienen la respiración cada vez que hay sesión de lectura de guiones. Para el público significa que en el drama las amenazas pueden cumplirse de repente. Tiene su gracia jugar a ser dios. Antes, cuando Peggy Lipton se metía en líos, ya sabías que conseguiría salvarse. Lo más que podías esperar es que primero se quitara la ropa. Pero ahora, cualquiera excepto Jack Bauer puede morir e incluso eso podría cambiar en el capítulo final. Ahora, cuando muere un personaje importante, los fans de la serie sólo están tristes un día, quizá dos si no tienen vida propia. Estamos tan acostumbrados a que se carguen personajes fijos, a que echen a gente de islas, a que los despidan o no los dejen volver a cantar On Broadway en la televisión nacional, que el impacto se diluye. Lo malo de esta costumbre es que uno empieza a protegerse, a no tomar demasiado cariño a los personajes que van apareciendo, por miedo a que se los carguen. Aunque no pienso que fuese problema con Paris Bennett o Amarosa. Pero ninguna de las muertes actuales tendrá nunca tanta repercusión como la que tuvo la muerte de Henry Blake en MASH. El país entero se quedó pasmado y, en muchos casos, indignado. Pero tenía sentido. Aquella era una serie sobre la guerra, y en la guerra la gente muere, incluso la gente que aprecias. En mi opinión, aquel episodio escrito por Jim Frizzell y Everett Greenbaum, producido por Larry Gelbart y Gene Reynolds convirtió a MASH en un clásico. Fue desconcertante, fue un terremoto, y no lo olvidemos, fue muy divertido durante los primeros 27 minutos. Matar personajes principales mantiene al público en vilo. Y lo que es mejor para los escritores, mantiene a los actores en vilo. Por fin estamos un poco por encima de las estúpidas y pejigueras sugerencias de los actores; de las rabietas de la diva; de los olvidos de diálogo; de tener a todo el equipo esperando 20 minutos mientras el coprotagonista está al teléfono con otro coprotagonista al otro lado de la ciudad, que también tiene a todo un equipo esperando. Ningún guionista volverá a oír aquello de:
- No creo que mi personaje dijera eso. Se acabaron los días en que había que reescribir escenas porque cierta estrella no se veía lo suficientemente atractivo. Es algo hermoso. Y tiene su gracia jugar a ser dios. Si ahora descubriéramos la manera de matar ejecutivos.

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