Obturador

Es el otro mecanismo con el que se controla el paso de la luz a la película fotográfica, junto con el diafragma, y en su caso determina el tiempo durante el que la luz va a impresionar la película. Es correcto hablar de “tiempo de exposición” para referirnos al obturador. Puede resultar confuso hablar de velocidad y en ningún caso se debe confundir con el cuenta kilómetros de los coches. La velocidad de disparo o de obturación aparece indicada en las cámaras por los valores: 1, 2, 4, 8, 15, 30, 60, 125, 250, 500, 1.000, 2.000, 4.000, 8.000 y recientemente 12.000. El valor “60″ se corresponde con un tiempo de exposición de 1/60 de segundo y los demás igual. La auténtica relación de tiempos de exposición debería ser: 1, 2, 4, 8, 16 (y no 15), 32 (ponen 30), 64 (60), 128 (125) y así sucesivamente, pues entienden los fabricantes que los valores aproximados al sistema decimal que aparecen en las cámaras son más fáciles de memorizar. El disparador de las cámaras fotográficas guarda relación directa con el obturador. Antes de disparar la cámara conviene sujetarla firmemente con las 2 manos procurando no tapar con los dedos ninguno de sus elementos exteriores: el objetivo, el flas y el visor, que lo veremos al mirar, pero no los anteriores, y apoyarla en la cara sin presionar, en beneficio de la cara. El disparador se debe pulsar suavemente, pues los mecanismos internos se activan según lo determinado en los dispositivos correspondientes cuando se ha producido un simple contacto. En ningún caso se debe apretar el disparador porque lo único que conseguiremos es mover la cámara en el momento de efectuar la toma. Una precaución opcional es tensar con las manos la correa consiguiendo la mayor firmeza a nuestro alcance en el momento de pulsar siempre levemente el disparador. Observando esta norma de delicadeza en el manejo del disparador conseguiremos rebajar la denominada “velocidad de seguridad” desde 1/125 de segundo que recomiendan los fabricantes hasta 1/60 e incluso 1/30 de segundo. En tiempos de exposición más lentos, 1/15 ó incluso 1/8 de segundo, también deberemos tomar en consideración el movimiento del motivo o motivos fotografiados en la fracción de tiempo que dura la exposición, pues aparecerán en las fotos. Aunque puedan parecer precauciones excesivas y para entonces las fotos se hayan quedado a horas o kilómetros de distancia, apoyar los brazos en el cuerpo y procurarle a éste un apoyo firme, incluso echando la rodilla al suelo, también puede ayudar. Se oyen con frecuencia proezas sin límite al hablar del “pulso” de los fotógrafos, pero es necesario advertir que una persona en pie sólo puede permanecer totalmente estática 1/10 de segundo aproximadamente, lo que a efectos fotográficos equivale a 1/30 de segundo, pues también se deben tomar en consideración los movimientos que efectúan los mecanismos internos de la cámara en su funcionamiento. En situaciones de luz escasa se puede apoyar la cámara en cualquier lado, encima de un coche o en una pared, evitando al máximo ese objeto aparatoso y molesto que llaman trípode. El trípode está reñido con las fotografías instantáneas o mínimamente dinámicas y en términos generales es preferible ver algo movido en una foto que una foto vacía de naturalidad.
Tipos de obturador
Son 2: el central o de “laminillas” situado en el objetivo, inmediatamente detrás del diafragma, es el característico de las denominadas cámaras “compactas” con visor independiente respecto del objetivo; y el obturador de “cortinilla” situado justo delante del plano focal por el que pasa la película fotográfica, es el característico de las cámaras réflex. La mayor ventaja del obturador central o de laminillas situado en el objetivo es el poco o nulo ruido que produce su mecanismo de funcionamiento y la posibilidad de sincronizar el flash en todas las velocidades de obturación. Su único inconveniente es no permitir velocidades de obturación ultrarrápidas, por encima de 1/500 de segundos. El obturador de “cortinilla”, el de las réflex, situado inmediatamente delante de la película, puede ser de tela o de metal y hacer 2 recorridos: horizontal o vertical. Estos obturadores, cuya característica más distintiva es que son muy ruidosos (el ruido tan característico de las cámaras fotográficas réflex al disparar lo produce el espejo inclinado que relaciona el visor y el objetivo al levantarse y bajarse al hacer la foto), permiten una gama más ámplia de velocidades, de 1/1.000, 1/2.000, 1/4.000 e incluso 1/8.000 de segundo (el último récord en las cámaras réflex de venta al público, no prototipos, es 1/12.000 de segundo) y la característica más determinante de todas: el flash no se puede sincronizar en velocidades más rápidas que la recomendada por el fabricante, que suele ser 1/125 de segundo. En las velocidades más lentas que la de sincronización el flash se puede activar en todas.
Tiempo de exposición y movimiento
Una de las aportaciones de la fotografía a los demás conocimientos fue la posibilidad de “ver” el movimiento, en unos casos “congelado” con velocidades de obturación rápidas (250, 500, 1.000…) ó ultrarrápidas, desde la carrera de un caballo hasta la trayectoria de una bala, o su impacto y en otros casos el movimiento barrido con velocidades de obturación lentas (30, 15, 8, 4…), pues las películas graban todo lo que ha ocurrido en la escena fotografiada durante el tiempo que permanece abierto el obturador. Al fotografiar escenas con objetos o sujetos en movimiento deberemos “adecuar” la velocidad de obturación al movimiento del objeto o sujeto fotografiado y en relación con esa velocidad, buscar el diafragma que corresponda. Cuanto más alejado se encuentre de la cámara fotográfica el sujeto u objeto en movimiento, podrá emplearse una velocidad más baja, 250 ó incluso 125 pueden ser suficientes y al contrario: cuando el sujeto u objeto en movimiento se encuentra cerca de la cámara debe emplearse una velocidad de obturación más alta, 500 ó 1.000. Un barrido es un uso inadecuado voluntario de la velocidad de obturación para fotografiar un objeto o sujeto en moviemto y se hace acompañando con la cámara el movimiento de una persona u objeto con unas velocidades de 60, 30 e incluso 15 dependiendo de cada caso. Es preferible ejecutarlo a pulso, pues estamos haciendo deliberadamente una foto movida. El movimiento se coge antes de pulsar el disparador, se sigue y se toma una especial precaución para no producir un movimiento de arriba a abajo en la cámara en el momento de disparar, siguiendo el movimiento de la escena incluso después del disparo. El efecto que se consigue es que queda barrido el fondo o el entorno y congelado el objeto o sujeto del que hemos seguido el movimiento. Un “contrabarrido” en un paisaje se hace desde un objeto en movimiento (por ejemplo, desde un coche o un tren en marcha) con la cámara fija. En este caso sale enfocado el último plano de la escena y barrido y prácticamente irreconocible el primer plano.

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